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Por las mañanas, será un placer recorrer los pueblos del interior de la isla. En Es Puig de Missa de Santa Eulària se visualiza la personalidad de las iglesias encaladas de Ibiza, con una construcción única, ya que fueron concebidas como fortalezas para defender a la población del ataque de los piratas. El conjunto monumental, con sus calles empedradas y sus bellas vistas sobre el puerto, recrea la forma de vida de la isla de hace un siglo.

En este municipio son parada obligada el mercadillo mítico de Las Dalias, que se celebra los sábados, y el de Es Canar, los miércoles. Ropa, objetos de regalos, bisutería y todo tipo de artículos se pueden encontrar en estos dos mercadillos. Gran parte de su atractivo es la atmósfera cosmopolita y tolerante que simboliza el espíritu de la isla. Antes o después del mercadillo es conveniente reponer fuerzas. Sant Carles, Santa Gertrudis y Jesús son pequeños pueblecitos con encanto que invitan a hacer un alto en el camino, tomar el aperitivo o comer.

En el viaje al interior de la isla, otro lugar tan bello como poco frecuentado es el pueblecito de Santa Agnès de Corona y es una gozada recorrer sus senderos plagados de almendros en flor durante los meses de enero y febrero. En cualquier época del año, la visión del campo ibicenco transmite paz y se puede disfrutar de la Ibiza más auténtica y natural en el camino a Sant Mateu d’Albarca o en la visita al norte de la isla, en el municipio de Sant Joan, donde se encuentra la Ibiza rural y aislada de la masificación.

Existen otros pueblecitos como Sant Agustí o Es Cubells, en Sant Josep, bañados por la luz y el silencio, que reflejan la esencia de la Ibiza de hace siglos, donde la vida transcurre con la misma calma de siempre y donde todos los forasteros son bien recibidos. La isla está plagada de rincones donde se recuperan energías encontacto con la naturaleza, el mar y la quietud.

No se debe acabar el viaje sin conocer el recinto amurallado de Dalt Vila, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Callejuelas, recovecos, monumentos, tiendas, restaurantes… en Dalt Vila empieza una noche que se anuncia larga y llena de emociones.

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